sábado, 15 de febrero de 2014

La historia que ya conocemos...

Mujer, 25 años, dos licenciaturas (Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y Licenciada en Periodismo, vamos, papel mojado), con idiomas (inglés, italiano y portugués), con experiencia como periodista...

Podría ser el Currículum Vitae de cualquier joven español, en este caso, es una aproximación al mío.

¿Qué más da? Esta historia nos la conocemos de sobra... "Hija, estudia mucho que llegarás alto..."

Nos gustaría que fuese así de fácil, estudiar, estudiar, estudiar y después recoger los frutos. No es así. En realidad nunca fue así aunque nos vendieran la moto.
Palurdos graduados felices



Cuando llega el día de tu graduación, te ponen la beca, (o la toga y el birrete en actos más horteras), suena el "Gaudeamus Igitur", miras hacia atrás y ves a tu familia emocionada... Qué bonito es 
todo.

¡Ilusa! No sabes que estás presenciando el fin de los mejores años de tu vida, que ahora llega la dura realidad de la que siempre te han protegido... Benditos aquellos años en que tu máxima preocupación era sacar unas décimas más que el compañero empollón.

No se trata de lloriquear, no es mi estilo. Pero sí es cierto que es un palo despertar de tu sueño. También es necesario y con el tiempo creo que positivo. 

Pues eso, llega un momento después de varios años de becaria, perdiendo dinero por ir a trabajar, en el que ves que no puedes seguir así por mucho que te guste tu trabajo. No conozco a nadie aun que solo viva del aire. Y lo peor, sin perspectivas cercanas de que la situación mejore. Por eso yo, igual que miles de jóvenes españoles, decidimos dar el paso a la emigración. 

¡Y aquí estamos! Y de momento la apuesta está dando buenos resultados.



 

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